Las calles estaban cubiertas de nieve, el suelo resbalaba y se me estaban congelando las orejas. Paseabamos camino a despedirnos, mirando lo curiosa que estba la catedral toda cubierta de nieve. La estación, mi perdición.
Salía el autobús, ya eran las tres menos cinco, y no podia irme sin sorprenderte...
Sorpresas que pueden alegrar un momento, un día, un mes, o una vida...
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